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María Faranduri y Mikis Theodorakis. Griegos por nacimiento y universales por sus talentos extraordinarios, constituyen uno de los dúos más fabulosos en la rama del arte musical de nuestros tiempos.
Mikis escribe la música y María la canta. Mikis traslada al pentagrama, con una belleza inusual, sus maravillosos sentimientos, su acendrado patriotismo, su profundo amor a la paz y a la humanidad.
María recoge estos formidables sentimientos de Mikis y los lleva al gran auditorio con su voz singular, forjada por el más profundo sentimiento patriótico y de disfrute de la belleza. Hace algunos años, cuando Grecia estaba aherrojada, como Honduras hoy, por la tiranía militar, Mikis levantó su talento musical y su sentido de la responsabilidad patriótica para oponerse a la opresión y a la violación de los derechos de los ciudadanos griegos. Los militares no toleraron tal oposición y pusieron prisionero a Mikis. Les aterraba aquel canto libertario. Les producía pánico aquella música reivindicadora. Les atormentaban los pentagramas rellenados con notas musicales combatientes. Y decidieron castigar al músico. Castigarlo ejemplarmente para escarmiento de todos los adversarios al terror del Estado. Atacaron por la parte más sensible y metieron las manos productoras de Mikis a un molino. Así destrozaban, según los militares griegos, toda posibilidad de creación musical de aquel extraordinario hijo de Grecia. Pero Mikis, con todo ese tremendo dolor, siguió componiendo, siguió cantando a los héroes de su patria, a la vida cotidiana de sus conciudadanos, a las esperanzas de su pueblo. Y maría estaba ahí, para llevar con su voz el aliento de libertad de que estaba henchida toda Grecia.
Fueron los estudiantes, los jóvenes aguerridos del Politécnico de Atenas, quienes decidieron poner fin a la tiranía. Y se sublevaron, llevando, como arma, su amor a la patria y, como escudo, sus pechos inocentes. La tiranía respondió con sus tanques y su fusilería. Muchos fueron los muchachos caídos frente a la avalancha destructiva y asesina de aquellas orugas de la muerte, que derribaron, primero, las murallas del Politécnico y luego pasaron por sobre los cuerpos de los jóvenes estudiantes griegos luchadores por la libertad. Pero todo fue en vano para los tiranos, porque tras lo jóvenes caídos, se levantó, como una ola incontenible, la ira popular y los militares salieron huyendo por la puerta trasera, dejando al país en un profundo caos, pero en manos de quienes aman las democracia y la libertad.
Y en la Plaza y en todo el mundo, Mikis y María Faranduri volvieron a entonar sus canciones de vida y esperanza, como decía Rubén Darío.
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